3.4 Freud, la religión y el psicoanálisis

Contenido

Parte del curso de Filosofía de la religión.

1. Psicoanálisis y religión

El psicoanálisis, creado por Sigmund Freud (1856-1939) a principios del siglo XX, surge como un método singular para investigar la mente humana, con pretensiones de ser una nueva ciencia psicológica. Sin embargo, desde sus inicios muestra una tendencia a convertirse en una «concepción del mundo», reflejando una nueva actitud de desconfianza hacia las elaboraciones conscientes de la inteligencia y sugiriendo que tras todo sistema filosófico o religioso hay motivaciones subconscientes que dirigen su construcción.

El psicoanálisis es fundamentalmente una hermenéutica, un ejercicio de desciframiento de los contenidos del subconsciente (sueños, fenómenos neuróticos…), situándose junto a las interpretaciones de la sospecha de Marx y Nietzsche. Esta práctica de la sospecha cuestiona la aparente verdad de la conciencia misma.

La pasión y carga emocional presentes en la contraposición entre psicoanálisis y religión sugieren la existencia de «posiciones inconscientes» y «pasiones secretas» enraizadas en el subconsciente, tanto de los psicoanalistas como de sus detractores. Las actitudes emocionales de Freud hacia la religión revelan sus propios conflictos personales entretejidos con los problemas de su época y sociedad, conflictos desde los cuales tuvo la intuición de penetrar en el subconsciente humano, siendo esta ceguera inconsciente la condición misma que hizo posible su obra genial.

2. Freud y la religión

Freud quiere aportar, además de una terapéutica nueva, una doctrina para las ciencias del hombre, y especialmente para la religión.

2.1. Primeros escritos. De la paranoia a la neurosis obsesiva.

En sus primeros escritos, Freud adopta una postura crítica hacia la religión que mantendrá a lo largo de su obra. Considera que la concepción mitológica del mundo presente en las religiones es en realidad una proyección de la psicología humana en el mundo exterior. Los mitos religiosos como el paraíso, el pecado original, Dios, el bien y el mal, la inmortalidad, etc. podrían descifrarse en términos de una psicología del inconsciente. (Psicopatología de la vida cotidiana, 1904).

Freud compara el comportamiento religioso con la paranoia y la neurosis obsesiva. Al igual que los paranoicos proyectan sus ideas en el mundo, las religiones personifican los acontecimientos imprevistos atribuyéndolos a seres divinos. Y al igual que los obsesos, las prácticas religiosas buscan protección contra la culpabilidad y ansiedad derivadas de la represión de impulsos instintivos prohibidos.

Freud concibe las religiones como una especie de neurosis obsesiva universal, mientras que las neurosis serían una forma de religiosidad individual. La diferencia radicaría en que las neurosis reprimen instintos sexuales, mientras que las religiones reprimen también instintos egoístas. Freud pretende así aportar desde el psicoanálisis una nueva perspectiva indispensable para comprender el origen de la religión y otras instituciones humanas. (Obsesiones y prácticas religiosas, 1907).

2.2. Tótem y tabú (1912-1913)

Freud analiza la religión desde una perspectiva psicoanalítica y de psicología colectiva. Establece una analogía entre la religión y la neurosis obsesiva, señalando similitudes como la falta de motivación de las prohibiciones, su establecimiento por necesidad interna, la facilidad para desplazarse y contagiar otros objetos, y la existencia de acciones y preceptos ceremoniales derivados de las prohibiciones.

Freud también explora el papel del «complejo de los padres» en la conducta religiosa, que pudo esbozarse en el totemismo. Sostiene que el dios personal es psicológicamente una transfiguración del padre, y que la religiosidad está relacionada con el desamparo y la necesidad de asistencia que experimenta el ser humano en la infancia. La religión ofrece protección contra la neurosis al descargar a los creyentes del complejo de los padres y el sentimiento de culpabilidad asociado.

En el mito cristiano, Freud interpreta el pecado original como el asesinato del Padre (Dios), que es expiado por el sacrificio de Cristo. La comunión cristiana se ve como una repetición simbólica de este acto, absorbiendo un sacramento más antiguo que el cristianismo.

Freud sitúa el origen de la religión en el complejo de Edipo, considerándolo el comienzo simultáneo de la religión, la moral, la sociedad y el arte. La culpabilidad juega un papel fundamental en la religión, y Freud ve en ella una solución neurótica a la angustia derivada de la rebelión contra el padre.

2.3. El porvenir de una ilusión (1927)

En El porvenir de una ilusión (1927), Freud aporta un nuevo elemento a su diagnóstico de la religión, situándola en el «inventario psicológico de la civilización», asegurando que se levanta sobre la renuncia al instinto y que suscita corrientes antisociales. Según Freud, dios cumple tres funciones: exorcizar las fuerzas de la naturaleza, reconciliarnos con la crueldad del destino y resarcirnos de los sufrimientos que impone la vida en sociedad. El progreso de la civilización disminuye la importancia de las dos primeras, pero la tercera, la moral, persiste.

Freud desarrolla el tema del complejo paterno, destacando su ambivalencia. El niño, al crecer y sentirse desamparado, crea la imagen de dioses a semejanza del padre, a quienes teme y atribuye la función de protegerle. Esta nostalgia infantil coincide con la necesidad de protección del adulto frente a su propio desamparo, dando origen a la religión.

Incapaz de soportar su debilidad ante la naturaleza y la sociedad, el hombre se refugia en una regresión infantil, proyectando en Dios su necesidad ambivalente de protección y seguridad. De ahí procede la fuerza de las ideas religiosas, profesadas como dogmas, que son ilusiones que suponen la realización de los anhelos más antiguos y apremiantes de la humanidad.

Freud aclara que la ilusión no es necesariamente un error, sino una creencia motivada por la realización de un deseo, sin tener en cuenta su relación con la realidad. Todas las doctrinas religiosas son ilusiones, imposibles de verificar y evidentemente motivadas por el intenso anhelo de consuelo.

2.4. Malestar en la civilización (1930)

En su obra Malestar en la civilización (1930), Sigmund Freud aborda varios temas relacionados con la religión y la búsqueda de la felicidad. Primero, responde a Romain Rolland, quien le había reprochado no apreciar la verdadera fuente de los sentimientos religiosos, un sentimiento «oceánico». Freud afirma desconocer tal sentimiento y no considerarlo el origen de la necesidad religiosa.

Luego, Freud plantea que la búsqueda de la felicidad es una tarea individual, donde cada uno debe encontrar su camino adaptándose a sus posibilidades. Ningún camino lleva a la felicidad con seguridad. Considera que la religión perjudica este proceso al imponer caminos uniformes, despreciar el valor de la vida y deformar la realidad, intimidando la inteligencia. Aunque evita neurosis a muchos, no cumple sus promesas de felicidad.

Finalmente, cuestiona si el amor universal predicado por religiones como el cristianismo puede realmente traer felicidad. Argumenta que escapa a la capacidad de la mayoría (sí para Francisco de Asís), que pierde valor al no discriminar, y que es poco razonable amar a extraños o enemigos. Considera el mandamiento de «amar al prójimo como a uno mismo» inaplicable y contraproducente. Concluye que cambios reales en las relaciones de propiedad serían más útiles que mandamientos éticos; así se recompensaría la virtud.

2.5. Moisés y el monoteísmo (1939)

En su libro Moisés y el monoteísmo (1939), Freud presenta varias tesis controvertidas sobre los orígenes del judaísmo y el cristianismo. Según Freud, Moisés era en realidad un egipcio seguidor del monoteísmo de Akenatón, que convirtió a los judíos a esta religión. Sin embargo, los judíos se rebelaron y asesinaron a Moisés, un hecho que fue «olvidado» y luego «retornó de lo reprimido», dando origen al pueblo y la religión judíos.

Freud interpreta la tradición histórica para extraer su «novela histórica» sobre Moisés, sugiriendo que aunque hoy no se admita la existencia de un Dios supremo, en tiempos primitivos hubo un personaje que pareció gigantesco y luego fue elevado a rango divino en la memoria de los hombres.

En cuanto al cristianismo, Freud lo ve como una prolongación del judaísmo, fundado por San Pablo. Según Freud, Pablo se apoderó del sentimiento de culpabilidad judío, lo remontó al «pecado original» y presentó la muerte de Cristo como una expiación de este pecado. Así, el cristianismo, surgido de una religión del Padre, se convirtió en una religión del Hijo, sin poder evitar la eliminación del Padre.

3. Un problema personal de Freud

Freud fue un ateo convencido toda su vida, mucho antes de iniciar el psicoanálisis. Aunque el psicoanálisis en sí mismo no toma partido religioso, Freud reconoce que podría haber sido una herramienta valiosa para la «curación de almas», pero su propio ateísmo le impidió explorar esta área.

El interés de Freud por la religión tiene raíces inconscientes que se remontan a su infancia, influenciadas por factores como su origen judío, haber sido criado por padres creyentes, la influencia de una niñera católica en sus primeros años, y vivir en la Austria católica donde experimentó antisemitismo.

Freud veía a la Iglesia Católica como enemiga del pensamiento libre y el progreso de la razón. Sus experiencias tempranas en la universidad, donde se sintió excluido por ser judío, lo llevaron a acostumbrarse a estar en la oposición y en desacuerdo con la mayoría, fomentando su independencia de pensamiento.

4. Conclusiones

La interpretación de Freud sobre la religión se mantuvo esencialmente constante a lo largo de su vida, aunque sus hipótesis metapsicológicas evolucionaron. Freud estaba convencido de que los fenómenos religiosos son comparables a los síntomas neuróticos individuales, y que se originan en acontecimientos olvidados de la historia primitiva de la familia humana. Las motivaciones de Freud al escribir sobre religión eran complejas y conflictivas. Tenía prejuicios evidentes hacia el clero y una hostilidad manifiesta hacia la religión, especialmente hacia la Iglesia Católica. El pastor Pfister señaló que Freud había crecido rodeado de formas patológicas de religión que consideraba como «la religión» en general. A pesar de los errores y prejuicios de Freud, Pfister reconoció la utilidad del psicoanálisis para depurar el arte, la filosofía y la religión.

Paranoia: La paranoia, o trastorno de ideas delirantes, es un trastorno psicótico caracterizado por delirios recurrentes y obsesivos sobre un tema específico. La palabra proviene del griego "paránoia", que significa ‘fuera de la mente’. Se asocia a personas con conductas narcisistas y ególatras que han enfrentado grandes frustraciones. Otros rasgos comunes incluyen baja autoestima, frialdad emocional, inflexibilidad, autoritarismo, desconfianza, resentimientos y depresiones.

Neurosis Obsesiva: La neurosis obsesiva, término acuñado por Sigmund Freud en 1894, hoy se conoce como Desarreglo Obsesivo Compulsivo. Es un trastorno psicológico asociado a tensiones nerviosas y desarreglos psíquicos, manifestándose en comportamientos obsesivos y maníacos. Según los psicoanalistas, es el resultado del conflicto entre pulsiones eróticas y destructivas, predominando las destructivas. Los síntomas incluyen la necesidad de comprobaciones constantes y conductas extremadamente meticulosas, cuya ruptura genera profunda angustia. La neurosis obsesiva se relaciona con experiencias traumáticas de la niñez que emergen en la adolescencia o adultez; y demuestra culpabilidad, sin saber explicar de dónde procede. Freud asocia este trastorno con rasgos como avaricia, testarudez, cólera, religiosidad y escrupulosidad.